Arturo MARTÍNEZ
A pesar de una gestión calificada como gris y carente de resultados tangibles, Jakqueline Ordoñez Brasdefer contempla postularse para un segundo periodo al frente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Tlaxcala (CEDH).
Durante su administración, el organismo autónomo permaneció prácticamente ausente ante múltiples violaciones de derechos humanos en la entidad. Lejos de asumir posturas firmes o emprender acciones de alto impacto, la Comisión operó con una notoria falta de liderazgo, sin lograr generar confianza ni diálogo con la ciudadanía.
En lugar de consolidar una institución proactiva y vigilante, la CEDH se convirtió en un aparato burocrático, más enfocado en justificar su existencia que en cumplir con su mandato constitucional de proteger los derechos fundamentales.
La falta de resultados se agravó con el bochornoso episodio ocurrido en febrero de este año en Hidalgo, donde Ordoñez Brasdefer y otros funcionarios participaron en una supuesta dinámica de sensibilización, que terminó convirtiéndose en un espectáculo insensible. Como parte de la presentación de un protocolo para personas migrantes, los asistentes ingresaron a una casa de campaña “para experimentar lo que viven los migrantes”, pero las imágenes difundidas mostraron un tono frívolo, risas y comentarios fuera de lugar como “¿extrañan su cama?”, generando indignación a nivel nacional.
“Era una actividad lúdica”, justificó la funcionaria, ante las críticas generalizadas que calificaron el acto como una burla descarada al sufrimiento de miles de personas en tránsito que enfrentan hambre, frío y miedo real todos los días.
El uso del dolor humano como escenografía política dejó en evidencia la falta de empatía y la desconexión de la CEDH con la realidad que dice defender. Ese episodio, sumado al bajo perfil institucional de su presidencia, ha provocado que distintos sectores vean con preocupación la intención de que Ordoñez permanezca en el cargo.
Mientras el Congreso local asegura que el proceso de revisión de aspirantes será transparente, la posibilidad de que Jakqueline Ordoñez sea reelegida genera inquietud: su gestión ha sido percibida como un proyecto sin contenido, ajeno a las verdaderas necesidades de protección, defensa y promoción de los derechos humanos en Tlaxcala.