¿Moda viral o nueva identidad digital? Dra. Elsa Martínez revela el origen real de los Therians en 2026

SOCIOLOGANTE

Dra. Elsa Martínez Flores

Los therians y la narración de la identidad en 2026

Aunque hoy parece una tendencia reciente, el therianismo no es nuevo. Desde hace años existen comunidades en línea donde algunas personas expresan una conexión simbólica o identitaria con ciertos animales. No se trata de “querer ser” una especie zoológica literalmente, sino de describir una dimensión emocional o espiritual con la que se identifican.

El propio término therianthropy (teriantropía) tiene raíces griegas y alude a la unión simbólica entre “bestia” y “humano”. Históricamente se utilizó para nombrar mitos de transformación presentes en distintas culturas, como el hombre lobo en la tradición europea o los nahuales en Mesoamérica.

En el entorno digital de los años noventa (1992-1993), esta identificación encontró espacios de encuentro. En un foro de Usenet llamado Alt.Horror.Werewolves (AHWW), dedicado inicialmente a debatir películas de hombres lobo, algunos usuarios comenzaron a compartir que su identificación con ciertos animales no era solo fantasía, sino una vivencia espiritual, psicológica o emocional.

Durante el periodo 1993-1994 ya usaban términos como “therian” para diferenciarse de los “furries”, una subcultura artística dedicada a la creación de personajes animales humanizados y al uso de disfraces para la expresión creativa. Desde entonces se establecieron comunidades en foros, listas de correo y blogs. Las redes amplificaron algo que ya existía.

En los últimos meses el fenómeno se volvió visible en TikTok y otras plataformas a través de videos de “quadrobics”, donde se imita el desplazamiento animal utilizando las extremidades, así como de contenidos en los que aparecen con máscaras y escenifican procesos de transformación. Más allá del impacto visual, el fenómeno tiene raíces más profundas.

¿Por qué ahora se volvió tendencia? Parte de la respuesta está en la lógica algorítmica: cuando un contenido sorprende, se comparte. La estética llamativa, los disfraces y la performatividad encajan en dinámicas virales. Lo que antes era un nicho en foros ahora es un clip de 30 segundos que puede alcanzar millones de vistas.

También influye el contexto generacional. Quienes se formaron en la cultura digital crecieron en entornos donde la identidad es más fluida, editable y exploratoria. Probar estéticas, narrativas personales y formas alternativas de presentarse no es extraño, sino parte del lenguaje cotidiano de Internet.

Desde la perspectiva del sociólogo Erving Goffman, la vida en grupo puede entenderse como una puesta en escena donde las personas gestionan impresiones frente a distintas audiencias. En redes sociales, ese “escenario” se multiplica y se intensifica: hay cámaras, algoritmos y públicos masivos.

El therian puede leerse como una forma de narrar el “yo” en los entornos digitales donde la pertenencia y el reconocimiento colectivo resultan centrales. Más que una postura ideológica, se vincula con experiencias subjetivas de autoidentificación, lo que revela cómo las plataformas están reconfigurando la manera en que se construye y narra la identidad en la era digital.

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