En opinión de Arturo Martínez: ¿víctima o responsable de su propio desgaste?

En política, culpar a otros suele ser el camino más fácil… pero también el más evidente. Hoy, la senadora Ana Lilia Rivera vuelve a colocarse en el papel de víctima, hablando de “guerra sucia” justo cuando su presencia política enfrenta un claro estancamiento.

Sin embargo, el problema no parece venir de fuera. Su historial de declaraciones marcado por frases confrontativas y una actitud explosiva ha dejado más distancia que cercanía con la ciudadanía. Esa forma de comunicar no solo genera polémica, también erosiona la confianza.

El discurso de conspiración intenta desviar la atención, pero la realidad política es más simple: la falta de acuerdos, de operación y de resultados termina pasando factura. En un entorno donde el diálogo y la construcción son clave, el aislamiento no es producto de una “mano negra”, sino de decisiones propias.

Porque al final, en política como en la vida, no todo es persecución… a veces es consecuencia.

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