Qué gusto saludarles. Después de algunos años de pausa, esta columna vuelve al vuelo. Pájaros en el Alambre regresa con una nueva etapa, con más miradas, más análisis y con la participación de dos colaboradores que asumen el compromiso de observar, escuchar y narrar lo que se comenta y lo que se conspira en los círculos del poder en Tlaxcala.
En esta primera entrega escribe Ximena Martell Arellano y el tema no es menor: las traiciones que ya caminan, cómodas y silenciosas, dentro del propio gobierno de Lorena Cuéllar.
Porque sí, gobernadora: el fuego no siempre viene de enfrente; muchas veces empieza en casa.
En los pasillos del poder ya no se habla en voz baja. Los nombres de Angélica Domínguez, encargada de la Coracyt, y de Max Hernández Pulido, el todopoderoso C5i, se repiten una y otra vez en conversaciones incómodas. Ambos, según versiones insistentes, han comenzado a coquetear políticamente con Ana Lilia Rivera, la senadora que nadie en Palacio quiere ver cerca… pero que todos saben que va por 2027.
El caso de Angélica Domínguez es particularmente delicado. Se dice y se repite que mantiene comunicación directa con el equipo de la senadora, filtrando información sensible que no solo exhibe deslealtad, sino que puede convertirse en munición política. Nada nuevo para quienes recuerdan su papel en los primeros años del gobierno estatal, cuando protagonizó pleitos innecesarios con medios de comunicación, abonando al desgaste prematuro de la imagen de la gobernadora y haciendo la vida imposible a Octavio Ortega y a Augusto Ramírez por su paso por la CCOM.
A ello se suma un episodio que tampoco pasó desapercibido: la presunción pública de un “doctorado honoris causa” de dudosa procedencia, más cercano a la simulación que al mérito académico. Hoy, esa misma mano parece dispuesta a volver a empujar… pero ahora desde dentro.
El otro pájaro inquieto es Max Hernández Pulido. Más cuidadoso, más calculador, pero con antecedentes que pesan. Su historial de “cambios de camiseta” no es secreto. Basta recordar su cercanía con Anabell Ávalos, de cuyo equipo salió, de manera casi milagrosa, información confidencial que apareció en un debate clave. Después, como si nada, aterrizó en el equipo de Lorena Cuéllar y terminó al frente del aparato de seguridad estatal.
Hoy se comenta que juega doble. Que no comulga con el alcalde capitalino Alfonso Sánchez García; que filtra información; que alimenta columnas; que impulsa golpeteos y que incluso habría financiado campañas de desgaste contra el titular de Seguridad Ciudadana, Martín Perea Marrufo. Todo esto mientras espera, con paciencia fingida, una notaría que aún no le entregan.
Mientras algunos conspiran, otros avanzan. Alfonso Sánchez García ha comenzado a sumar respaldos que pesan: Vicente Morales Pérez y Carlos Luna Vázquez ya dieron señales claras. ¿Será esto suficiente para disciplinar a los suspirantes de Morena rumbo a 2027? Falta ver si Homero Meneses y Carlos Augusto Pérez entienden el mensaje… o deciden jugar por la libre.
Del otro lado del tablero, Ana Lilia Rivera no pierde el tiempo. Su estructura crece, silenciosa pero constante. Exoperadores del actual gobierno, resentidos, desplazados o simplemente pragmáticos, comienzan a acercarse. Entre ellos suena con fuerza Juan Manuel Lemus, un viejo lobo electoral que sabe sumar, operar y ganar. No es un nombre menor.
Y por si el escenario no estuviera lo suficientemente movido, aparece Fabricio Mena, secretario de Turismo y hermano del exgobernador Marco Mena, quien ya estaría armando su propia ruta hacia la presidencia municipal de Tlaxcala bajo las siglas de Morena. Detrás de él, Nydia Cano, titular de la Secretaría de la Mujer, también levanta la mano. Aquí la pregunta no es si hay proyecto… sino a quién le van a permitir llegar.
Gobernar también es saber en quién confiar. Y hoy, los pájaros en el alambre no cantan: advierten.
Y por cierto, no hagan menos a la diputada Miriam Martínez, del Partido Acción Nacional (PAN). Mientras muchos se pelean dentro de Morena y hacen política desde el escritorio, ella va construyendo estructuras reales, en tierra y con el pueblo; algo que a más de uno en el partido guinda ya se le olvidó.
De la mano de Angelo Gutiérrez, su esposo y presidente estatal del PAN en Tlaxcala, la diputada originaria de Tetla ha comenzado a subir en las encuestas, y no es casualidad. Detrás hay operación, estrategia y colmillo. Todo indica que ese viejo lobo de mar o mejor dicho, la bestia que hoy le maneja la estrategia en redes sociales, la imagen pública y el discurso, el mismo que pasó por Prensa de Gobierno en la era de Héctor Ortiz le está dando resultados. No la pierdan de vista: el PAN no solo quiere figurar; está dispuesto a dar pelea, a tejer alianzas y a disputarle municipios y diputaciones al bloque guinda. El error sería subestimarlos.
Gracias por leer esta primera entrega. Pájaros en el Alambre vuelve cada lunes.
Feliz 2026. Que no falte salud… y que tampoco falte memoria política.
