Sociologante: Inmortalidad digital en Facebook e Instagram ¿ético o no?

Dra. Elsa Martínez Flores

La patente concedida a finales de 2025 a Meta Platforms por la agencia federal United States Patent and Trademark Office (USPTO) introduce una posibilidad inquietante: que un perfil digital continúe activo sin la intervención directa de su titular. No se trata solo de memoria digital, sino de simulación algorítmica.

El sistema descrito permitiría que, ante una ausencia prolongada del usuario o incluso tras su fallecimiento, una inteligencia artificial asuma su dinámica comunicativa. Publicaciones, respuestas y reacciones podrían generarse al seguir patrones previos de interacción. La cuenta no quedaría inactiva, sino que operaría bajo una lógica predictiva.

La tecnología se aplicaría en plataformas como Facebook e Instagram, para utilizar el historial de interacción acumulado durante años. El perfil dejaría de ser únicamente un archivo y pasaría a funcionar como interfaz activa. La frontera entre recuerdo y presencia sintética se vuelve difusa.

No es la primera vez que Facebook aborda el destino digital tras la ausencia de un usuario. La plataforma contempla la figura del “contacto de legado” desde 2015, mediante la cual una persona designada puede administrar una cuenta convertida en conmemorativa e incluso solicitar su eliminación.

En Instagram también existe la posibilidad de mantener el perfil como recuerdo o eliminarlo a petición de familiares, aunque sin una figura con facultades tan amplias como en Facebook. En ambos casos, la lógica ha sido preservar o cerrar; la nueva patente propone algo distinto: mantener la interacción.

Desde la teoría social, esta posibilidad puede entenderse desde la hiperrealidad del sociólogo francés Jean Baudrillard: cuando las representaciones dejan de reflejar lo real y lo sustituyen. Así, una identidad digital automatizada no sería solo una copia del sujeto, sino una simulación que puede operar como si fuera más “real” que la propia experiencia vivida.

Un doble digital no sería simple memoria, sino una instancia que actúa en lugar del sujeto. La representación deja de ser huella para convertirse en sustitución funcional. El dilema ético se centra en el consentimiento y la dignidad post mortem. ¿Puede una empresa administrar la voz de quien ya no puede decidir?

El debate adquiere mayor peso considerando los antecedentes de la compañía. Mark Zuckerberg ha enfrentado cuestionamientos públicos por el impacto de sus plataformas en adolescentes. La confianza institucional no atraviesa su momento más sólido y, en ese contexto, no existe información pública que indique una fecha definida para la eventual implementación de esta tecnología.

Si la tecnología puede extender nuestra presencia en línea, corresponde a la sociedad decidir bajo qué condiciones debe hacerlo, porque no se trata solo de innovación, sino de límites. Cuando la inteligencia artificial empieza a hablar en nombre de quienes ya no están, lo que está en juego es la dignidad humana.

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