Demian MÁRQUEZ
El más reciente sondeo publicado por El Heraldo de México y QM Estudios de Opinión mostró una amplia ventaja de la senadora Ana Lilia Rivera en la carrera anticipada rumbo a la gubernatura de 2027, sin embargo, lejos de consolidar un escenario cómodo para Morena, los resultados exhiben un panorama político marcado por la dispersión de liderazgos y una base electoral que, al día de hoy, parece más desorientada que convencida.
Con un 30% de preferencia efectiva, Rivera domina la encuesta del momento, mientras que su competidor más cercano, el alcalde Alfonso Sánchez García, aparece con apenas un 8%, una brecha que evidencia la fragilidad de las figuras emergentes en el partido.
El resto de los aspirantes, entre ellos perfiles con presencia nacional y estatal, como Josefina Rodríguez Zamora u Homero Meneses, apenas alcanzan porcentajes marginales.
La estadística refleja que la situación interna de Morena tiene claras dificultades para construir relevos políticos sólidos y con incapacidad para proyectar un liderazgo colectivo, algo que contrasta con la fuerza que el partido presume en los ámbitos federal y estatal.
Esto, debido a que el dato más revelador del estudio no recae en los nombres punteros, sino en quienes no eligieron a ninguno: un 43% de los encuestados se declaró indeciso o rechazó todas las opciones presentadas.
Este sector, que hoy supera con amplitud a cualquier figura individual del partido, expone una desconexión creciente entre la militancia, la ciudadanía y los liderazgos morenistas en Tlaxcala.
La aparente ventaja de Rivera Rivera, aunque clara, no logra disipar la duda sobre si Morena cuenta realmente con una estructura política cohesionada capaz de activar a este electorado flotante.
De mantenerse esta tendencia, la contienda interna podría definirse no por la fortaleza de los cuadros que alzan la mano, sino por la incapacidad del partido para recomponer su narrativa y recuperar la confianza de un sector social que no termina de identificarse con ninguna de las opciones.
El reto para Morena no solo será elegir un abanderado competitivo, sino evitar que la apatía, el desencanto de la militancia y la falta de definiciones terminen por convertirse en los verdaderos factores decisivos del proceso electoral en 2027.