Por: Lic. Rocío Hernández Castillo
Presidenta Honorífica del SMDIF de Huamantla
Hay eventos que van más allá de una competencia deportiva. Hay momentos que se convierten en recuerdos, en historias familiares y en emociones que permanecen con nosotros durante toda la vida. El Mundial de Futbol es uno de ellos.
Cuando escuchamos la palabra “Mundial”, no solo pensamos en partidos, goles o selecciones. También recordamos dónde estábamos, con quién vimos aquel encuentro emocionante, quién gritó el gol más fuerte o quién preparó la comida para reunir a toda la familia frente al televisor.
Estoy segura de que muchas personas, al leer estas líneas, recuerdan algún Mundial especial. Quizá el que vieron junto a sus abuelos, con sus padres o con amigos que hoy ya no están físicamente, pero que siguen presentes en la memoria cada vez que vuelve a rodar el balón.
Porque así son los recuerdos más valiosos: se construyen en los momentos sencillos. En una sala llena de emociones, en una reunión familiar, en una conversación después del partido o en la alegría compartida cuando nuestro país logra una victoria.
El deporte tiene una capacidad extraordinaria para unir. Nos enseña disciplina, trabajo en equipo, respeto por las reglas, perseverancia y esfuerzo. Valores que también necesitamos fortalecer todos los días dentro de nuestras familias y nuestras comunidades.
Por eso, más allá del resultado de cualquier partido, el Mundial representa una oportunidad para convivir. Para sentarnos juntos, dejar por un momento las prisas de la vida cotidiana y compartir tiempo de calidad con quienes amamos.
Y mientras muchos recordamos aquellos mundiales que marcaron nuestra infancia o juventud, también está ocurriendo algo hermoso: las nuevas generaciones están creando sus propios recuerdos.
Quizá hoy una niña o un niño observa un partido sentado junto a sus padres o sus abuelos sin imaginar que dentro de algunos años recordará ese momento con una enorme sonrisa. Tal vez hoy una familia se reúne para apoyar a su selección favorita y, sin darse cuenta, está escribiendo una página más en el libro de su propia historia.
La vida está hecha precisamente de esos instantes. De las personas que nos acompañan, de las emociones que compartimos y de los recuerdos que atesoramos con el paso del tiempo.
Por eso quiero invitar a las familias de Huamantla a aprovechar esta gran fiesta deportiva para convivir más, dialogar más y disfrutar más de quienes tenemos cerca. Porque el verdadero triunfo no siempre está en el marcador; muchas veces está en la oportunidad de estar juntos.
Los mundiales pasan cada cuatro años, pero los recuerdos que construimos durante ellos pueden acompañarnos toda la vida.
Y cuando el tiempo avance, cuando las nuevas generaciones sean adultas, seguramente también recordarán estos días y a las personas con quienes los compartieron. Entonces comprenderán que el mejor regalo no fue un gol o una copa, sino el amor, la compañía y los momentos vividos en familia.
Porque al final, los recuerdos más importantes no se juegan en una cancha. Se construyen en el corazón.
Lic. Rocío Hernández Castillo
Presidenta Honorífica del SMDIF de Huamantla
